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El deportista emeritense completó 14 circuitos y comenzó un decimoquinto en Guadalajara, estableciendo una marca sin precedentes conocidos en este formato de resistencia. El desafío cierra su proyecto Triminal 2026
Antonio Rubio volvió a superar sus propios límites el pasado 24 de octubre en Guadalajara. El deportista de Mérida completó 14 vueltas al circuito DEKA FIT durante doce horas ininterrumpidas y todavía encontró fuerzas para comenzar una decimoquinta. Un registro que aspira a convertirse en récord mundial de esta modalidad de ultraresistencia, pendiente de validación oficial por parte de la organización.
No era una carrera convencional. Cada vuelta combinaba cinco kilómetros de carrera con diez estaciones de ejercicios funcionales. Rubio repitió el circuito catorce veces: 70 kilómetros corriendo, siete kilómetros de remo, otros siete de esquí, 1.400 metros moviendo un trineo de 100 kilos y cientos de repeticiones de fuerza. Una exigencia física que convirtió cada vuelta en una batalla contra el cansancio.
La vuelta 11, cuando la cabeza empezó a negociar
A las ocho de la mañana comenzó el desafío en el Palacio Multiusos de Guadalajara. Su equipo de asistencia le acompañó durante la primera vuelta y después se instaló en la zona técnica, donde tenía preparados hidratación, sales y ropa de recambio.
Las primeras horas transcurrieron mejor de lo previsto. Tanto que Rubio salió a un ritmo que proyectaba más de quince vueltas, por encima de las doce o catorce que había calculado inicialmente.

El momento crítico llegó después de nueve horas, durante la vuelta 11. Al revisar sus cálculos, creyó que ni siquiera conseguiría completar la decimocuarta. La frustración empezó a pesar tanto como el esfuerzo físico.
«Mi cabeza usó eso como arma arrojadiza para empezar a negociar cuánto estaba dispuesto a seguir sufriendo», recuerda.
Un compañero decidió acompañarle durante la siguiente vuelta. Poco después comprendió que sí llegaría a completar las catorce. En apenas cincuenta minutos pasó de la frustración a recuperar completamente la motivación.
Un equipo detrás y unas manos pequeñas al otro lado de la valla
El tramo más duro de cada vuelta llegaba con la combinación de ejercicios que castigaban especialmente las piernas: burpees con una carga de 20 kilos y, tras volver a correr, treinta zancadas con 30 kilos.

Pero Rubio nunca estuvo solo. Su equipo gestionó la alimentación, la hidratación y cada necesidad durante las doce horas. Incluso tuvo que improvisar agua con sal cuando se agotó el isotónico.
El momento más especial llegó cuando la organización permitió que su hijo entrara en la zona técnica y comenzara a entregarle personalmente los bidones.
«Eso fue gasolina premium», resume.
Catorce medallas y el final de Triminal
Tras completar la vuelta 14, todavía quedaban unos seis minutos. Rubio sabía que no terminaría otra, pero decidió continuar hasta agotar las doce horas. Recorrió un nuevo tramo, completó otra estación y regresó a meta cuando el cronómetro alcanzó el límite.
Entonces golpeó la campana por primera vez. Detrás del arco le esperaba su hijo con catorce medallas, una por cada vuelta, que fue colocándole antes de fundirse en un abrazo.
Tres retos diferentes y un mismo hilo conductor: descubrir hasta dónde puede llegar. Esta vez, el final no lo marcó únicamente el cronómetro, sino aquel abrazo después de doce horas de esfuerzo.












