Ruta 040: cuatro extremeños, el Teide y 37 horas para volver al mar

Por Nieves García Lemus5 de septiembre de 2026, 10:35📍 Badajoz
Expedición de ocho personas en la cima del Teide antes de iniciar el descenso

Lucía Tinoco, Julio Manuel Lavado, José Manuel Silverio y Carlos Herrera formaron parte de la expedición que afrontó más de 55 kilómetros y 4.000 metros de desnivel por la Ruta 040

Cuando Lucía Tinoco alcanzó la cima del Teide hubo abrazos, fotografías y alegría. Pero nadie confundió aquel momento con el final. A más de 3.700 metros de altitud todavía quedaba regresar hasta la playa de El Socorro y, para quienes lograron completar la aventura, aquella bajada terminaría siendo incluso más dura que la subida.

En esa expedición viajaban cuatro extremeños: Lucía Tinoco, de Badajoz; Julio Manuel Lavado, de Talavera la Real; José Manuel Silverio, de Plasencia; y Carlos Herrera, de Oliva de la Frontera. Junto a ellos completaban el grupo los canarios Ayoze Díaz, Daniel Medina y Gara Díaz, y la madrileña Virginia Gómez. Lucía pone voz a la experiencia, pero lo hace contando una aventura que fue, desde el principio, de todos.

"Nos lo tomamos con mucha tranquilidad, mucha felicidad y mucha alegría de haber llegado arriba, pero sabiendo que lo que nos quedaba todavía no iba a ser nada fácil", explica.

Era solo la mitad de la Ruta 040, uno de los grandes desafíos que pueden afrontarse a pie en España: salir prácticamente desde el nivel del mar, alcanzar el punto más alto del país y regresar de nuevo hasta la costa.

Ocho amigos y una idea que fue creciendo

La expedición inició el reto los días 1 y 2 de agosto. Fueron alrededor de 37 horas desde la salida hasta el regreso, incluyendo la noche y las paradas para comer y descansar. El tiempo efectivo caminando rondó las 25 horas.

Buena parte del grupo se había conocido ese mismo año cursando el Máster Propio de Gestión y Dinamización de Actividades Físicas en el Medio Natural y Turismo Activo de la Universidad de Extremadura. De ahí surgieron las conversaciones, los planes y, poco a poco, una idea suficientemente grande como para reunirlos en Tenerife.

"Uno de nuestros compañeros tiene el reto de hacer los 50 techos más altos de España. Al haber estado este año compartiendo aventuras y siendo compañeros en el Máster, cada uno con ideas más locas que los anteriores, empezamos a hablar de organizar alguna expedición".

Cuatro extremeños con perfiles muy diferentes

Entre los cuatro extremeños había experiencias muy distintas. Julio Manuel Lavado, de 24 años y natural de Talavera la Real, afrontaba una de sus primeras expediciones de montaña de estas características.

José Manuel Silverio, placentino de 25 años, llegaba con experiencia como corredor de trail, guía de kayak y trabajador del sector del turismo activo. Carlos Herrera, de Oliva de la Frontera y 26 años, está federado en el Club Elbruz de Sevilla y combina escalada, cicloturismo y senderismo.

Lucía Tinoco, de 23 años y natural de Badajoz, pertenece al Club de Montaña Antonio Luis Galea de Los Santos de Maimona y forma parte del Grupo de Jóvenes Alpinistas de la Fexme, Federación Extremeña de Montaña y Escalada.

El desafío superaba los 55 kilómetros y 4.000 metros de desnivel positivo. No realizaron una preparación física específica. Todos entrenaban habitualmente y confiaron en esa base, pero sí dedicaron tiempo a algo que acabaría siendo decisivo: planificar qué hacer si las cosas se torcían.

Cuando el plan de emergencia deja de ser teoría

Antes de salir habían marcado puntos de evacuación, preparado el track y estudiado el material, la comida y la hidratación. Durante la ruta comprobaron por qué aquello era tan importante.

El primer problema llegó pronto. Uno de los integrantes comenzó a encontrarse mal aproximadamente en los primeros diez kilómetros. Sentía mucho calor, después aparecieron los mareos y finalmente tuvo que detenerse.

"Fue muy sensato al ir avisando en todo momento de cómo se iba encontrando". El grupo buscó sombra, refrescó su cabeza y cuello y reforzó la hidratación con agua y electrolitos. Más tarde, ya iniciado el descenso, abandonaría utilizando el teleférico para llegar hasta la zona de Montaña Blanca.

El segundo episodio fue diferente y más complejo. Otro compañero había comenzado a sufrir mal de altura desde la llegada a la cima. Durante el descenso, en el entorno del Refugio de Altavista, su estado empeoró hasta presentar mareos, sensación intensa de calor y vómitos.

También pudo abandonar acompañado por otra integrante del grupo.

Llegar arriba no significaba haberlo conseguido

La subida hasta el Teide ya había dejado momentos muy duros. Tras pasar la noche haciendo vivac, el grupo retomó la marcha por la mañana con un tramo especialmente exigente por delante: unos cinco kilómetros y cerca de 1.200 metros de desnivel positivo hasta la cima.

Pero el descenso fue cobrando otra dimensión conforme pasaban las horas.

Otro integrante decidió abandonar en el último punto de evacuación previsto, cuando todavía faltaban unos 15 kilómetros para alcanzar El Socorro. Una decisión que el propio grupo asumió con naturalidad: saber cuándo detenerse también forma parte de una aventura de este tipo.

Finalmente fueron cuatro los integrantes que completaron todo el recorrido.

"Cada uno sabe dónde estuvieron sus demonios"

Los últimos kilómetros fueron especialmente duros para varios de los que consiguieron terminar.

"Para mí fueron los últimos tres kilómetros. Las bajadas eran muy empinadas, las rodillas sufrían mucho y, después de tantas horas con las zapatillas, teníamos muchos callos y heridas en los pies".

Después de tantas horas caminando, el cansancio ya no se limitaba a las piernas. Cada miembro del grupo había tenido que gestionar sus propios momentos de duda.

"Cada uno tiene su punto y sabe dónde estuvieron sus demonios en la cabeza en cada punto de la ruta".

Es quizá ahí donde la Ruta 040 dejó de ser simplemente una suma de kilómetros y desnivel. Alcanzar la cima fue importante, pero gestionar el calor, la altura, las retiradas, el cansancio y las decisiones del grupo terminó marcando tanto la experiencia como el propio Teide.

La siguiente aventura empezó nada más terminar

El cansancio tampoco consiguió acabar con las ganas. El mismo día en que finalizaron ya aparecieron nuevas ideas: el Anillo de Picos de Europa, alguna cima en Francia o Italia e incluso una ruta cicloturista alrededor de las Islas Canarias.

"Solo necesitamos la motivación de uno de nosotros, que sabemos que todos los demás vendrán a acompañarnos".

Es probablemente la mejor forma de entender cómo ocho personas terminaron embarcadas en una ruta de 37 horas desde el océano hasta el techo de España y de vuelta al mar.

Cuando alcanzaron el Teide hubo abrazos, fotos y una sensación compartida de haber llegado muy alto. Pero el verdadero final no estaba allí arriba. Estaba mucho más abajo, de nuevo junto al mar.

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