
El V Centenario de Cáceres acogió un partido entre el Diocesano C y el Diocesano A que fue mucho más que un resultado: una tarde de cantera, compañerismo y respeto
Hay partidos que se juegan en una pista y otros que, además, dejan algo bonito alrededor. El del pasado viernes 20 de marzo en el Pabellón V Centenario de Cáceres fue uno de esos. Frente a frente, el Diocesano C y el Diocesano A, dos equipos de la Primera División Prebenjamín Sala, Grupo 4, en un encuentro que tuvo forma de derbi, pero alma de fiesta de cantera.
Porque más allá del calendario, allí se cruzaban niños que comparten club, entrenamientos, ratos juntos y una misma manera de entender el fútbol sala. Durante 40 minutos hubo partido, sí, pero también se respiró esa sensación tan especial que dejan los encuentros entre compañeros de escudo.

El Diocesano A se llevó el partido por 0-8, haciendo valer su buen momento y mostrando un juego muy suelto, de esos que explican por qué está arriba en la clasificación. Pero en una tarde así, el foco no se queda solo en los goles. También estuvo en la forma de competir, en cómo unos siguieron buscando jugar y aprender hasta el final y en cómo otros supieron ganar sin perder de vista lo importante.
Mucho más que un marcador
Eso fue, seguramente, lo mejor de la tarde. La naturalidad con la que se vivió todo. La rivalidad fue la justa, la propia del juego, pero siempre envuelta en un ambiente muy sano. Y al terminar, llegaron los abrazos, las palabras entre unos y otros y la sensación de que, en realidad, el club salía reforzado pasara lo que pasara en el acta.
En estas edades, el deporte deja huella por detalles así. Por ver a niños que compiten, sí, pero que también aprenden a convivir, a respetar y a entender que un compañero no deja de serlo porque durante un rato esté en el otro lado de la pista.

Lo que dejó este Diocesano C - Diocesano A fue justo eso: una imagen de cantera unida, de club vivo y de deporte base del que merece la pena cuidar. El resultado queda escrito. Pero lo que de verdad permanece es la forma en la que se jugó.
(Historia compartida por Francisco José Matos Honrado)

