Antonio Rubio rompe su propio techo en el World’s Toughest Mudder: segundo de su categoría y 18º absoluto

Por Nieves García Lemus3 de julio de 2026, 13:57📍 Mérida
Antonio Rubio durante una carrera de obstáculos de ultraresistencia

El extremeño completó cerca de 130 kilómetros y mejoró su propio récord español en una de las pruebas de obstáculos de 24 horas más duras del mundo

Antonio Rubio todavía mira la medalla y le cuesta asumir lo ocurrido. Había viajado al Reino Unido dispuesto a mejorar las 75 millas que ya constituían la mejor marca conseguida por un español en el World’s Toughest Mudder. Regresó con 80 millas, el segundo puesto de su categoría y la 18.ª posición de la clasificación general.

El deportista extremeño completó así la segunda parada de Triminal, el desafío de ultraresistencia que ha diseñado para 2026 y que combina ultratrail, carreras de obstáculos y competición híbrida.

La prueba se disputó los días 27 y 28 de junio en Belvoir Castle, cerca de Grantham, en el centro de Inglaterra. Su formato obliga a los participantes a completar durante 24 horas el mayor número posible de vueltas a un recorrido de cinco millas, unos ocho kilómetros, repleto de obstáculos y sometido a cambios conforme avanza la competición.

Para Rubio, algunas vueltas se acercaron a los nueve kilómetros debido a los tramos adicionales de carga y a las modificaciones introducidas en el circuito. En total estuvo compitiendo 24 horas y 25 minutos, ya que las vueltas iniciadas dentro del tiempo reglamentario podían finalizarse posteriormente.

De las 75 a las 80 millas

El año anterior había terminado séptimo de su categoría y alrededor del puesto 31 de la general después de completar 75 millas. Aquella distancia se convirtió en su referencia y en el punto de partida para intentar algo todavía mayor.

Mi ambición era llegar a las 90 millas, pero era un objetivo bastante complicado y muy ambicioso”, explica.

Alcanzar esa cifra habría supuesto entrar entre los primeros puestos absolutos y pelear por la victoria de su grupo de edad. Sin embargo, el nivel de los participantes, la dureza de los obstáculos y varios cambios reglamentarios obligaron a reajustar el reto sobre la marcha.

Antonio Rubio durante una carrera de obstáculos de ultraresistencia

Rubio comenzó con una estrategia agresiva. Su intención era completar unas once vueltas durante las primeras doce horas y construir una base que le permitiera acercarse a las 90 millas. El calor inicial, con temperaturas cercanas a los 30 grados, no fue un problema. Al contrario.

Creo que el calor jugó a mi favor porque entrenando en Extremadura lo hago con temperaturas más altas”, señala.

Durante las primeras horas mantuvo ritmos de entre una hora y 20 minutos y una hora y media por vuelta. El verdadero desafío comenzó cuando desapareció la luz.

La noche, el frío y un frontal apagado

A partir de las ocho de la tarde, la carrera entró en modo nocturno. Los corredores debían llevar una luz blanca frontal y otra roja en la parte trasera. Algunos obstáculos acuáticos, desactivados durante el día, comenzaron además a formar parte del recorrido.

La temperatura cayó hasta los 12 o 14 grados y el viento multiplicó la sensación de frío. La ropa apenas ofrecía protección, porque buena parte de los obstáculos obligaba a sumergirse prácticamente por completo.

Hay obstáculos en los que te metes entero en el agua. Da igual que lleves una térmica, porque termina completamente mojada”, relata.

El ritmo de Rubio bajó hasta las dos horas por vuelta. El momento más delicado llegó de madrugada, cuando su frontal dejó de funcionar. Aunque tenía previsto cambiarlo en la zona de asistencia, el cansancio hizo que lo olvidara.

Convirtió la luz trasera en una iluminación blanca de emergencia y colocó el frontal agotado en modo rojo para cumplir el reglamento, pero apenas podía ver el terreno.

No veía prácticamente nada en la inmensidad de la noche. Tuve que bajar muchísimo el ritmo por miedo a caerme, hacerme daño o rodar colina abajo”.

Aquellas dos vueltas le hicieron perder, según calcula, más de 40 minutos. En una prueba en la que cada milla determina la clasificación, el error pudo haber resultado definitivo.

El último giro de tuerca

Cuando amaneció y faltaban tres horas para finalizar, llegó otro cambio previsto por la organización. La mitad de los obstáculos desaparecieron, pero los que permanecieron activos debían completarse dos veces.

La modificación mantenía el número total de obstáculos, aunque aumentaba su concentración. Las manos apenas tenían tiempo para recuperarse entre ejercicios de suspensión y los tramos de carga duplicaban su longitud.

Antonio Rubio durante una carrera de obstáculos de ultraresistencia

No es lo mismo colgarte 20 segundos y correr 400 metros antes del siguiente obstáculo que terminarlo y volver a hacerlo inmediatamente”, explica.

También se duplicaron algunos transportes de cadenas y sacos. Un tramo de 300 metros se convertía en 600 después de más de 20 horas de esfuerzo.

Rubio sabía que estaba realizando una buena carrera, pero no tenía información precisa sobre su posición. Calculaba que podía encontrarse entre los 30 primeros. Cuando terminó su última vuelta, celebró haber elevado el récord español hasta las 80 millas, aproximadamente 129 kilómetros.

Lo que vino después no entraba en sus previsiones.

“Todavía sigo sin creérmelo”

Una persona del equipo de asistencia de otro corredor se acercó a felicitarlo. Rubio interpretó que se refería a haber terminado la prueba y superado su marca anterior. Entonces le mostró la clasificación: segundo de su categoría y 18.º de la general.

Le dije que no podía ser. Fuimos al cronometraje para preguntar si esos resultados eran verídicos y nos dijeron que sí”.

Antonio Rubio durante una carrera de obstáculos de ultraresistencia

La carrera todavía no había finalizado completamente y quedaba media hora para que otros participantes cerraran sus vueltas. La clasificación, sin embargo, no cambió.

El extremeño recibió la medalla antes de la ceremonia oficial, ya que debía abandonar el recinto antes de la entrega de premios.

A día de hoy sigo sin terminar de creérmelo. Tengo la medalla, tengo el registro y lo tengo todo, pero todavía no lo he asimilado”.

Su primera reacción fue llamar a su mujer. Después de varios días comunicándose únicamente en inglés, necesitaba escuchar una voz familiar y encontrar una referencia emocional en medio de una situación que no comprendía del todo.

Los errores que también construyeron el resultado

El podio no llegó después de una carrera perfecta. Rubio olvidó parte de la nutrición en una vuelta, perdió uno de los recipientes de agua, retrasó demasiado el cambio de zapatillas y calcetines y terminó con heridas en los pies.

También se equivocó con el frontal y sufrió durante horas por el frío. “Tomé muchas buenas decisiones, pero también me equivoqué mil veces”, reconoce.

La diferencia estuvo en continuar. En aceptar los problemas sin convertirlos en una excusa para abandonar.

Había mucho trabajo y mucho entrenamiento detrás, pero el día de la carrera tienen que salir las cosas. A pesar de todo lo que salió mal, también salieron muchas bien”.

Antonio Rubio durante una carrera de obstáculos de ultraresistencia

Las piernas permitieron 80 millas. No fueron las 90 que había imaginado, pero sí todo lo que podía ofrecer aquel día.

Fue todo lo que tenía. Con la carrera que hubo, con el tiempo y con cómo estaba, no puedo pedirme más”.

Triminal mira ya hacia octubre

Tras el esfuerzo, Rubio afronta ahora varias semanas de recuperación. La inflamación afecta especialmente a los flexores de la cadera, los cuádriceps, los gemelos y las plantas de los pies.

El descanso será necesario antes de completar la tercera y última fase de Triminal.

La primera tuvo lugar en marzo, cuando completó en una misma jornada las dos distancias de las Millas Romanas de Mérida, 44 y 100 kilómetros. La segunda ha sido este World’s Toughest Mudder de 24 horas.

El cierre llegará en octubre en Guadalajara, donde intentará batir el récord europeo de vueltas en una prueba DEKA FIT durante doce horas sin detenerse. El calendario oficial de Spartan sitúa la cita de Guadalajara los días 24 y 25 de octubre.

Será una nueva transformación de una disciplina explosiva, habitualmente resuelta en menos de una hora, en otro ejercicio de ultraresistencia.

Antonio Rubio ya ha recorrido 80 millas entre barro, agua, frío y oscuridad. Ahora le queda descansar, mirar esa medalla y terminar de creer que, esta vez, el resultado superó incluso sus propias expectativas.

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