
La XIII Ruta Cicloturista del Vino y el Jamón reunió a más de 120 participantes en una mañana de MTB, paisajes de dehesa y convivencia en Alburquerque
Alburquerque volvió a subirse a la bici con una de esas citas que ya tienen aroma propio en el calendario local. La XIII Ruta Cicloturista del Vino y el Jamón reunió durante la mañana del domingo a más de 120 ciclistas llegados desde distintos puntos de Extremadura y también desde Portugal, en una jornada marcada por el deporte, el paisaje y el buen ambiente.
La ruta, de casi 40 kilómetros, discurrió en buena parte por uno de los grandes tesoros del municipio: su dehesa. El trazado, renovado una vez más, llevó a los participantes por parajes muy reconocibles del entorno alburquerqueño, con una parada especial en los alrededores del Castillo de Azagala, con el Pantano Peña del Águila como telón de fondo. Un escenario de esos que ayudan a entender por qué esta quedada MTB tiene tanto tirón.
Mucho más que una ruta en bici
Una vez terminado el recorrido, la jornada mantuvo uno de sus sellos más reconocibles: la comida de convivencia entre participantes, organizadores y colaboradores. Ahí volvió a aparecer la parte más sabrosa del evento, con protagonismo para los productos ibéricos de El Risco Extremeño, los vinos de Bodega Encina Blanca y un plato muy de la tierra, el arroz de matanza, elegido este año para cerrar la cita con sabor local.
La propuesta vuelve a demostrar que esta ruta no va solo de pedalear. Va también de juntar deporte, gastronomía y turismo en una misma mañana, algo que explica por qué el evento sigue funcionando tan bien edición tras edición. La organización corrió a cargo de la Asociación Deportiva Castillo de Alburquerque, con la colaboración del Patronato Municipal de Deportes, Grupeta Alburquerque y la Dirección General de Jóvenes y Deportes, además del apoyo de la Diputación Provincial de Badajoz.

Con trece ediciones a la espalda, la Ruta Cicloturista del Vino y el Jamón sigue siendo una de esas citas que encajan de maravilla en el paisaje de Alburquerque: bici, naturaleza, comida compartida y una excusa estupenda para seguir moviendo el deporte desde lo cercano.

